jueves, 23 de agosto de 2012

Cultura olmeca

La historia de Mesoamérica comienza hacia el año 2500 a. C. Las aldeas más antiguas se descubrieron en un sitio cercano a La Venta, en el estado de Tabasco.

Las pequeñas aldeas se establecieron junto a los campos de cultivo y con el paso del tiempo sus habitantes perfeccionaron el cultivo de la tierra, emplearon el agua para riego, inventaron sistemas de escritura y de medición del tiempo, desarrollaron relaciones comerciales, edificaron enormes pirámides, adoraban a varios dioses, fabricaban cerámica y tejidos e hicieron pinturas y esculpieron esculturas que hoy son reconocidas como obras de arte.

Los olmecas, cuyo esplendor abarca los años 1200 a. C. al 400 a. C., habitaron en las costas del Golfo de México al sureste de Veracruz y al occidente de Tabasco.

El estudio de los variados restos de sus creaciones hace pensar que los olmecas fueron la cultura que más influyó en toda Mesoamérica durante el preclásico. De hecho, hay objetos o rasgos de la cultura olmeca en lugares muy alejados; por ejemplo, por todo el territorio que se extiende desde lo que hoy es Jalisco hasta el país de Costa Rica, se han encontrado imágenes de niños-jaguar representados en esculturas, pinturas o cerámicas.

Los olmecas supieron utilizar los abundantes recursos naturales de su entorno para construir sus viviendas, alimentarse, vestirse, transportarse, comerciar, desarrollar técnicas artísticas, entre otras actividades.

En sitios que hoy podemos visitar, como San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes, han quedado pruebas de que dominaban las técnicas de construcción y tenían amplios conocimientos de astronomía. Esto les permitió elaborar el primer calendario de Mesoamérica que, junto con la escritura, heredaron a otras culturas, las cuales lo perfeccionaron.

Su sociedad se dividía en grupos, estaba formada por gobernantes-sacerdotes, jugadores de pelota, alfareros, escultores, pintores, agricultores, entre otros. Los sacerdotes ejercían un enorme poder sobre los demás porque eran quienes poseían los conocimientos astronómicos que se consideraban necesarios para la agricultura, de la que dependía toda la población.

Los olmecas también fueron excelentes escultores, prueba de ello son las cabezas colosales de piedra y basalto que hoy puedes conocer en Tabasco, así como las estelas, los altares y las esculturas de menor tamaño hechas con jade y serpentina, algunas de las cuales representan al jaguar, animal que consideraban sagrado.


Utilizaron madera y barro para hacer vasijas y figurillas; entre estas últimas destacan algunas pintadas con chapopote, conocidas como “caras de niño”, que representaban la deformación del cráneo de los niños recién nacidos, pues la consideraban un símbolo de belleza.

Se piensa que la existencia de la cultura olmeca fue interrumpida por rivalidades y competencias violentas entre las poblaciones con cierto poder, lo cual provocó guerras contra grupos más fuertes que ellos. Estos hechos llevaron a la destrucción de las ciudades y de algunas esculturas, como cabezas, altares y estelas; así, poco a poco los olmecas vivieron un proceso de migración que culminaría con el abandono total de sus ciudades.

Se dispersaron en diferentes lugares: unos se dirigieron a la región maya, otros marcharon al centro y algunos más al norte. Quienes se establecieron en el centro se integraron a la ciudad de Cuicuilco, pero ésta también desapareció debido a la erupción del volcán Xitle; por ello, se vieron obligados a migrar hacia otros lugares. Así llegaron a Teotihuacan y a Chalcatzingo (en los actuales estados de México y Morelos, respectivamente), y a otros territorios que hoy ocupan los estados de Oaxaca y Guerrero.


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